Vencedores Vencidos
Hubo un Tiempo en el que pasar desapercibido era penado con que nadie, ni siquiera la más fea te diera bola y por esa razón ni te invitaran a una mísera fiesta de 15. Había sólo tres maneras de no pasar al ostracismo: Tener un apellido importante, Ir al San Buenaventura o ser fachero, algo que tenía que ver más con el dinero puesto en pilchas que con la hermosura.
Con Vicente, entre otras cosas, teníamos problemas de nombre, más que de apellido. No nos llamábamos Fernando, Jorge Alberto o Fabián Esteban. Teníamos nombres de viejos y eso de arranque no te daba mucha chapa. No usábamos Fiorucci, Topper o Wrangler sino más bien Lee, Flecha o Topeka y no íbamos al Sambue sino a las Pías, lo que definitivamente nos dejaba fuera de toda competencia.
La diferencia entre Vicente y nosotros, la barra del Boulevard como intentábamos llamarnos para llamar la atención femenina sin éxito alguno, era que él sí tenía apellido: se llamaba Mójica y era el nieto del intendente que había hecho la mayor cantidad de obras en la ciudad pero, a diferencia de nosotros, él no tenía la vocación nuestra de pasar del lado de los visibles casi a toda costa.
Mientras él cultivaba su bajo perfil, nosotros solíamos trepar las paredes del Jockey Club para colarnos por las ventanas a las fiestas de 15 ya que nunca nos invitaban y éramos tan giles o tan pobres que ni siquiera llevábamos saco, por lo que ni bien entrábamos, todos se daban cuenta que éramos colados y, acompañados por el tío botón de la cumpleañera que nunca faltaba, en cinco minutos estábamos otra vez en la calle.
Un día nos dieron un dato interesante: Nos dijeron que a unas cuadras del Boulevard, en la Parroquia Santa Rosa de Lima, había un grupo juvenil donde pululaban las mujeres hermosas y hasta allá llevamos nuestros cuerpos con la esperanza de salir de perdedores.
Ahí nos recibió Vicente, jefe indiscutido del grupo juvenil, tomado de la manito con la más linda de todas: Silvia, quien después fuera la mujer de su vida y le diera una familia hermosa. Ahí entendimos porque no necesitaba mostrarse ganador. Ya había ganado el mejor partido de su vida pero como hacen los verdaderos campeones, no hacía gala alguna de su triunfo. Nosotros, los aspirantes a winners del Boulevard, nos volvimos al barrio silbando bajito. Meses más tarde, algunos conseguimos ganar alguna carrera, pero eso ya es otra historia.
Agradecemos la presencia de Vicente Mójica y la música de Miguel Conejito Alejandro, Miguel Angel Toledo y Miguel Velazquez.
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