Rogelio Ferrario


El Chapulín Anaranjado
Hubo un Tiempo en que no fuimos hermosos, como decía la canción de Charly o como decían nuestras madres. Comenzamos a desconfiar del relato precisamente cuando nos aventuramos a ir a la pileta de Estudiantes y vimos que no despertábamos admiración alguna en el público femenino. Las muchachas más bellas siempre estaban con otros que sí parecían facheros. Se juntaban bajo unos pinos como si fueran dioses o diosas del olimpo y jamás se dignaban a saludar o a mirarnos. 

Tampoco lo hacían el resto de las chicas ya que, como nosotros, estaban embelezadas mirando a esos adolescentes, que vaya a saber por qué razón, eran tocados por la varita mágica de la admiración y los suspiros.

Ahí fue cuando entendimos que no éramos estrellas y comenzamos a buscar desesperadamente algunos atributos que hicieran que alguna mujer reparara en nosotros. En mi caso, descubrí que era bueno para el verso y armé una especie de tarot con las cartas de truco, a las que les puse algún significado, con lo que, eligiendo algunas cartas, podía armar una historia prediciendo un supuesto futuro que se podría verificar cuando terminara la temporada de pileta, de manera que nadie pudiera darse cuenta del engaño.

Al acordarme del Rogelio de esas épocas me pregunto si quizá por la misma razón, la de despertar algún interés en el público femenino, el tipo se habrá hecho bañero, acompañando al célebre Morenito en su recorrido por la pileta y quizá redoblando la apuesta también se hizo Bombero, ya que según decían las series norteamericanas, serlo atraía a las mujeres. 

No sé cómo le habrá ido a Rogelio con lo de ser bañero y bombero pero lo del tarot trucho a mí me vino muy bien. Las señoritas hacían cola para escuchar las predicciones que inventaba y logramos la atención de sus miradas.

Muchos años más tarde me lo volví a encontrar cuando me tocó organizar el regreso de los carnavales. Al Principio lo miraba con mucho recelo ya que me marcaba hombre a hombre en cada cosa que pudiera generar algún peligro y, aunque intentaba eludirlo, siempre terminaba ganando el. Con una sonrisa me decía amablemente que acá faltaba un matafuegos, que allá había un cable peligroso, que la ordenanza decía esto y que la otra decía lo otro mientras yo corría de un lado para otro con dos celulares en la oreja y un Handy en la mano. . 

La primer noche del Carnaval vino una batahola de gente y espuma que nunca supimos de donde salieron y nos dimos cuenta que no había manera de contener tanta algarabía que despertó en la gente el regreso de tamaña fiesta. El día después pudimos, gracias a los bomberos, poner algún orden a tanta gente y a tanto festejo que nunca más vimos en las otras ediciones. Terminamos esa noche exhaustos festejando la tarea realizada comiendo el último choripán que había quedado. Nos miramos y, como el final de la película Casablanca pensamos sin decirnos nada: "Este es el comienzo de una larga amistad". Rogelio Ferrario, un defensor de los civiles, un bombero que siempre está listo para ayudar a quien lo necesite: Una especie de Chapulín Anaranjado al que podemos llamar en medio de las adversidades.

Agradecemos la presencia de Rogelio Ferrario y la Música de Leandro Romero, Jorge Toro Quevedo y Deolinda Sosa






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