Los Soñadores de la Plaza Racedo
Hace algo más que 40 años, como casi todos los sábados por la tarde, los pibes del boulevard nos batíamos a duelo en un clásico futbolero con los de la Plaza Racedo, en una cancha al lado de la fuente con árboles que hacían de arcos y unas parecitas que a los no tan habilidosos nos daba la posibilidad de hacer el autopase, ya que eludir al contrario era todo un arte. Los susodichos teníamos sueños diversos: ser ingenieros, cantantes, jugar en primera, ser presidentes pero jamás el de ser periodistas.
A dos cuadras de esa plaza, Marcelo y Mario jugaban a serlo. Uno era una mente brillante, promedio casi diez en la escuela y el otro soñaba con brillar en la tele. Años más tarde, en esta Argentina de tantos soñares incumplidos algunos cumplieron sus sueños y otros seguimos soñando.
Eran tiempos en que los nacidos en cuna de madera, podíamos superar a los nacidos en cuna de oro, eran tiempos en que todo era posible con el esfuerzo, las ganas y alguna puerta que dejaran abierta. Claro que para ello había que tomar riesgos y Marito, como lo llamábamos entonces, un día tomó los riesgos que había que tomar y partió para Buenos Aires. Nosotros nos quedamos acá, quizá porque nuestros sueños eran más débiles, o porque se transformaron en trabajos temporarios que después fueron permanentes o quizás porque simplemente el miedo a la soledad pudo más y alguna muchacha temprana nos hizo cambiar la idea de volar por la de acovacharnos en un nido y transformar nuestros sueños en hijos.
Un día prendimos el Philips 14 pulgadas y vimos a Mario en la pantalla de uno de los canales más famosos, más tarde encendimos el de 29 pulgadas de pantalla plana y lo encontramos en los programas de Mirtha, y finalmente cuando hicimos clic al Smart de 49 lo encontramos junto a una estatuilla en las noches de los Martín Fierro, y fue ahí como los todos los soñadores de la Plaza Racedo sentimos que uno de los nuestros lo había logrado. Y sentimos orgullo, porque lo había hecho sin cambiar sus formas, sin olvidar sus orígenes, sin perder la esencia de buen tipo que le conocimos cuando era parte de nuestra vida cotidiana. Ese muchacho, ahora con canas, que las señoras aman y que algunos mediocres cuestionan sin conocerlo, ese producto de nuestra ciudad que no perdió el don de la sonrisa y el de saludar a todos, ese que siempre está dispuesto a dar una mano o a contestar viejos teléfonos es Marito, el de la calle Las Heras, el hijo pródigo de acá a la vuelta, ese que se fue lejos pero que siempre está cerca de nuestros corazones.
Mario Massaccesi, hombre que para ser un buen tipo es un gran periodista dirán algunos o para ser periodista es un gran tipo dirán otros, pero que nadie podrá decir que no es tan nuestro como el imperio que habitamos.
Agradecemos la participación en este programa de Guillermo Geremía, Marcelo Irastorza y a los amigos y familiares de Mario Massaccesi. Gracias Pepi Dillon por la música y Mario Tenreyro por todo lo que nos dejaste.
Escuchá el Programa Completo en: https://ar.ivoox.com/es/hablemos-rio-cuarto-mario-massaccesi-audios-mp3_rf_37099950_1.html
Agradecemos la participación en este programa de Guillermo Geremía, Marcelo Irastorza y a los amigos y familiares de Mario Massaccesi. Gracias Pepi Dillon por la música y Mario Tenreyro por todo lo que nos dejaste.
Escuchá el Programa Completo en: https://ar.ivoox.com/es/hablemos-rio-cuarto-mario-massaccesi-audios-mp3_rf_37099950_1.html

Comentarios
Publicar un comentario